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lunes, 10 de septiembre de 2007

Nicolas de Cusa y los antecedentes del renacimiento

Nicolás de Cusa y los antecedentes al renacimiento italiano

El adjetivo “Renacimiento” es una categoría difusa, algunos sitúan al renacimiento desde la expulsión de los judíos y musulmanes de España y el descubrimiento de América, todo ello en 1492, sin embargo si comprendemos este lapso histórico como un redescubrimiento de pensamientos y moldes griegos clásicos, un movimiento paralelo en ocasiones y en otros antagónico a la enseñanza escolástica aristotélica, y a la vez un movimiento político y social donde poco a poco se retan y erosionan los conceptos medievales del poder religioso y político, entonces el renacimiento nace más propiamente en Nicolás de Cusa (1401-1464).

Nicolás Chrypffs, quien fuera, según Hoffmann, el "auténtico fundador de la filosofía alemana", nació en la ciudad de Kues (razón por la que se lo llama "El Cusano"), en el año 1401. Estudió en Heidelberg (Alemania), Padua (Italia) y Colonia (Alemania). En esta última ciudad fue ordenado sacerdote en 1430. Colaboró en la preparación de Concilio de Basilea, donde se le encargó representar a la Iglesia latina en una misión diplomática en Grecia, con el ambicioso programa de reunificar a la Iglesia ortodoxa. Es en este concilio donde tiene ocasión uno de los enriquecimientos culturas más importantes de Europa y antecedente directo del renacimiento, los textos clásicos de la antigüedad que el filósofo llevó a Italia, junto con un nutrido grupo de sabios que enseñaron a los doctos italianos la lengua griega (olvidada por siglos), representaron una etapa fundamental en el desarrollo del humanismo.

Es en este episodio, gracias al concilio de Basilea, donde Nicolás de Cusa se convierte en uno de los principales representantes de la filosofía de la transición entre la Edad Media y el Renacimiento. Es un antiaristotélico que continúa la tradición medieval de origen neoplatónico, transitando la senda de Duns Escoto y el Maestro Eckart. Dice Hirschberger que “cristianismo, platonismo y Ciencia de la Naturaleza son los tres grandes componentes de su pensamiento”.

Entre sus obras más importantes se destacan “La docta ignorancia”, “El Dios escondido”, “Apología de la docta ignorancia” y “La caza de la sabiduría”, de ellas la más importante es “la docta ignorancia”, dividido en tres partes, Dios, donde afirma que solo la teología negativa puede adecuarse a Dios, rengando de cualquier clase de imagen o silogismo que se pueda tener de Él, siendo el ser máximo considerado absolutamente, la segunda parte trata del Universo, el ser máximo contraído en la pluralidad de las cosas, es decir, imagen de Dios, o más exactamente “explicación de Dios”, y la tercera parte sobre Jesucristo, el ser máximo como contraído y absoluto a la vez, es decir, implícito como Dios pero explícito como el Universo, y esta noción de implícito y explícito será muy recurrente entre los neoplatónicos italianos, y el discurso, también presente en Cusa de la dualidad entre micro y macrocosmos.

El humanismo de Cusa retoma a Sócrates y es un gran crítico de la escolástica, argumentando que los estudiosos no pueden detenerse en un cúmulo de afirmaciones de escuela y que deben seguir profundizando y esforzándose en su búsqueda de la verdad, aquel “seguir profundizando” incluye la vía científica, el estudio de la Naturaleza como estudio indirecto de Dios.

Distingue Cusa el entendimiento de la razón, inaugurando una tradición que continuarán autores de la talla de Kant y Hegel. Las reglas de la Lógica, con su Principio de No Contradicción, rigen sólo al entendimiento. La razón, por su parte, supera estas reglas. Ellas es el Principio de la Vida Espiritual, última y radical unidad de la que emana lo múltiple. Dice Hirschberger que “se ha visto en esta concepción de la razón el auténtico comienzo de la moderna filosofía alemana; porque estaría aquí ya esbozada la Teoría del Espíritu como unidad sintética, factor creativo de todo nuestro conocer, teoría sobre la que se basa la crítica de la razón de Kant, y a la que apuntó ya Leibnitz, y que desenvolvió Fichte hasta convertirla en la Teoría del Yo Puro, y con la que trataron Schelling y Schleirmacher de sintetizar el yo individual y la infinitud del Universo y de Dios.”

En el primer libro de “La docta ignorancia”, Dios es presentado como el máximo, la plenitud a la que nada falta, los contrarios se concilian en el infinito. En él no rige el Principio de No Contradicción. Él es lo máximo y lo mínimo. En él coinciden los opuestos al modo como en Geometría un círculo de radio infinito puede pensarse como una recta. El mundo es la “explicatio” o el despliegue de Dios. El Universo separa lo que en Dios se halla unido y por ello no es infinito, pero sí es ilimitado, sin centro ni límite externo y en continuo movimiento. La Tierra, que se encuentra en el Universo, también se mueve. Cada cosa refleja al todo, al Universo y a Dios (preanuncio de las mónadas de Leibnitz). Su cosmología es un anticipo de los avances del Renacimiento y la Ciencia moderna. Se lo considera precursor de Copérnico y también, por el método matemático de contar y medir que introduce en las Ciencias Naturales, de Kepler.

Cusa es el primer renacentista, no solo por rescatar el griego antiguo y varios textos, sino por trasladar las concepciones socráticas y platónicas, y por via indirecta las nociones pitagóricas de la importancia de la matemática, al terreno de la filosofía, provee de una base teológica para la ciencia. En su cosmología, la cual gira toda alrededor de Dios, el Hombre posee un status casi tan importante como el de Cristo, y aquello derivará en algunas concepciones posteriores en el renacimiento italiano, dado que si Dios es el implicado, el máximo y coincidencia de opuestos, el cosmos es su explicación, es labor forzosa, en la búsqueda de las verdades divinas, el estudio científico de la naturaleza, Cristo conjugará la contradicción entre lo contraído y lo máximo, y de manera paralela el Hombre es un microcosmos de creatividad, libertad y espontaneidad, un sujeto único e independiente. Y así como en el macrocosmos lo múltiple encuentra su unidad en la idea unitaria del todo, sobre el microcosmos que cada uno de nosotros es se eleva la idea de su "mejor yo", para que la vida no se disperse y se vacíe en el espacio y el tiempo, cayendo en el absurdo. La visión optimista del Hombre llegará a su culmen en el neoplatonismo renacentista, donde el Hombre no solo será microcosmos del macrocosmos, sino llegará a ser centro del Universo, corona de la creación y, en algunos pensadores, algo similar a un Dios.