Nicolás de Cusa y los antecedentes al renacimiento italiano
El adjetivo “Renacimiento” es una categoría difusa, algunos sitúan al renacimiento desde la expulsión de los judíos y musulmanes de España y el descubrimiento de América, todo ello en 1492, sin embargo si comprendemos este lapso histórico como un redescubrimiento de pensamientos y moldes griegos clásicos, un movimiento paralelo en ocasiones y en otros antagónico a la enseñanza escolástica aristotélica, y a la vez un movimiento político y social donde poco a poco se retan y erosionan los conceptos medievales del poder religioso y político, entonces el renacimiento nace más propiamente en Nicolás de Cusa (1401-1464).
Nicolás Chrypffs, quien fuera, según Hoffmann, el "auténtico fundador de la filosofía alemana", nació en la ciudad de Kues (razón por la que se lo llama "El Cusano"), en el año 1401. Estudió en Heidelberg (Alemania), Padua (Italia) y Colonia (Alemania). En esta última ciudad fue ordenado sacerdote en 1430. Colaboró en la preparación de Concilio de Basilea, donde se le encargó representar a la Iglesia latina en una misión diplomática en Grecia, con el ambicioso programa de reunificar a la Iglesia ortodoxa. Es en este concilio donde tiene ocasión uno de los enriquecimientos culturas más importantes de Europa y antecedente directo del renacimiento, los textos clásicos de la antigüedad que el filósofo llevó a Italia, junto con un nutrido grupo de sabios que enseñaron a los doctos italianos la lengua griega (olvidada por siglos), representaron una etapa fundamental en el desarrollo del humanismo.
Es en este episodio, gracias al concilio de Basilea, donde Nicolás de Cusa se convierte en uno de los principales representantes de la filosofía de la transición entre la Edad Media y el Renacimiento. Es un antiaristotélico que continúa la tradición medieval de origen neoplatónico, transitando la senda de Duns Escoto y el Maestro Eckart. Dice Hirschberger que “cristianismo, platonismo y Ciencia de la Naturaleza son los tres grandes componentes de su pensamiento”.
Entre sus obras más importantes se destacan “La docta ignorancia”, “El Dios escondido”, “Apología de la docta ignorancia” y “La caza de la sabiduría”, de ellas la más importante es “la docta ignorancia”, dividido en tres partes, Dios, donde afirma que solo la teología negativa puede adecuarse a Dios, rengando de cualquier clase de imagen o silogismo que se pueda tener de Él, siendo el ser máximo considerado absolutamente, la segunda parte trata del Universo, el ser máximo contraído en la pluralidad de las cosas, es decir, imagen de Dios, o más exactamente “explicación de Dios”, y la tercera parte sobre Jesucristo, el ser máximo como contraído y absoluto a la vez, es decir, implícito como Dios pero explícito como el Universo, y esta noción de implícito y explícito será muy recurrente entre los neoplatónicos italianos, y el discurso, también presente en Cusa de la dualidad entre micro y macrocosmos.
El humanismo de Cusa retoma a Sócrates y es un gran crítico de la escolástica, argumentando que los estudiosos no pueden detenerse en un cúmulo de afirmaciones de escuela y que deben seguir profundizando y esforzándose en su búsqueda de la verdad, aquel “seguir profundizando” incluye la vía científica, el estudio de la Naturaleza como estudio indirecto de Dios.
Distingue Cusa el entendimiento de la razón, inaugurando una tradición que continuarán autores de la talla de Kant y Hegel. Las reglas de la Lógica, con su Principio de No Contradicción, rigen sólo al entendimiento. La razón, por su parte, supera estas reglas. Ellas es el Principio de la Vida Espiritual, última y radical unidad de la que emana lo múltiple. Dice Hirschberger que “se ha visto en esta concepción de la razón el auténtico comienzo de la moderna filosofía alemana; porque estaría aquí ya esbozada la Teoría del Espíritu como unidad sintética, factor creativo de todo nuestro conocer, teoría sobre la que se basa la crítica de la razón de Kant, y a la que apuntó ya Leibnitz, y que desenvolvió Fichte hasta convertirla en la Teoría del Yo Puro, y con la que trataron Schelling y Schleirmacher de sintetizar el yo individual y la infinitud del Universo y de Dios.”
En el primer libro de “La docta ignorancia”, Dios es presentado como el máximo, la plenitud a la que nada falta, los contrarios se concilian en el infinito. En él no rige el Principio de No Contradicción. Él es lo máximo y lo mínimo. En él coinciden los opuestos al modo como en Geometría un círculo de radio infinito puede pensarse como una recta. El mundo es la “explicatio” o el despliegue de Dios. El Universo separa lo que en Dios se halla unido y por ello no es infinito, pero sí es ilimitado, sin centro ni límite externo y en continuo movimiento. La Tierra, que se encuentra en el Universo, también se mueve. Cada cosa refleja al todo, al Universo y a Dios (preanuncio de las mónadas de Leibnitz). Su cosmología es un anticipo de los avances del Renacimiento y la Ciencia moderna. Se lo considera precursor de Copérnico y también, por el método matemático de contar y medir que introduce en las Ciencias Naturales, de Kepler.
Cusa es el primer renacentista, no solo por rescatar el griego antiguo y varios textos, sino por trasladar las concepciones socráticas y platónicas, y por via indirecta las nociones pitagóricas de la importancia de la matemática, al terreno de la filosofía, provee de una base teológica para la ciencia. En su cosmología, la cual gira toda alrededor de Dios, el Hombre posee un status casi tan importante como el de Cristo, y aquello derivará en algunas concepciones posteriores en el renacimiento italiano, dado que si Dios es el implicado, el máximo y coincidencia de opuestos, el cosmos es su explicación, es labor forzosa, en la búsqueda de las verdades divinas, el estudio científico de la naturaleza, Cristo conjugará la contradicción entre lo contraído y lo máximo, y de manera paralela el Hombre es un microcosmos de creatividad, libertad y espontaneidad, un sujeto único e independiente. Y así como en el macrocosmos lo múltiple encuentra su unidad en la idea unitaria del todo, sobre el microcosmos que cada uno de nosotros es se eleva la idea de su "mejor yo", para que la vida no se disperse y se vacíe en el espacio y el tiempo, cayendo en el absurdo. La visión optimista del Hombre llegará a su culmen en el neoplatonismo renacentista, donde el Hombre no solo será microcosmos del macrocosmos, sino llegará a ser centro del Universo, corona de la creación y, en algunos pensadores, algo similar a un Dios.
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lunes, 10 de septiembre de 2007
Giordano Bruno
Parte de un trabajo para antropología desde el Renacimiento (Nicolas de Cusa), hasta Kant, en total son catorce apartados en 15 páginas. Sería demasiado pegarlo completo.
Giordano Bruno (1548-1600)
Giordano Bruno es sin lugar a dudas uno de los pensadores más importantes del renacimiento italiano y una de las figuras más destacadas de la historia del pensamiento de estas épocas, Bruno discrepa de los cabalistas cristianos como Ficino y Mirandolla, no por su visión antropológica, con la cual está completamente de acuerdo, pero sí en cuanto a la posición del cristianismo. Giordano Bruno creía firmemente, no que el cristianismo era la continuación de esta tradición recién descubierta que era el hermetismo, sino que era su contraparte y enemigo, llegó a insistir que el cristianismo no era la verdadera fe, sino un obstáculo para el verdadero credo, que era el hermetismo. Su pasión por la magia, o “filosofía de la naturaleza” que, luego de Newton (aunque gracias a él) se convertiría en la ciencia moderna más formalmente, y su insistencia por un panteísmo le llevaron finalmente a la hoguera.
La obra bruniana se encuentra teñida de un ligero averroísmo consistente en la defensa de la superioridad de la vida teórica frente a la vida práctica y la reivindicación del carácter profesional del filósofo. A juicio de Bruno existe una separación entre filosofía y religión y es equivocada la concepción tomista de la filosofía como ancilla fidei, es decir, como esclava de la religión. Bruno defenderá, como harán a su modo todos los copernicanos, que la religión debe ser entendida como una ley destinada al gobierno de las masas incapaces de regirse por la razón y es por ello que los buenos teólogos no deben entrometerse en la vida de los filósofos, del mismo modo que los filósofos respetarán el trabajo de los teólogos en su tarea de gobierno de las masas populares. La función de la religión es, pues, meramente civil.
Para Bruno el Universo es un animal, un ser vivo y expresión de la infinita potencia de Dios, todo esta vivo y todo posee alma, incluso el mundo mineral, y llega a un monismo clásico en el hermetismo “el Todo está en el todo”, es decir, cada alma es mónada de todo el Universo. Dios está presente en todas las cosas, con su infinito poder, sabiduría y amor, porque es todas las cosas, el máximo y el mínimo o, como dice Bruno, la mónada de las mónadas.
La misión del hombre es el entusiasmo ante la contemplación de esta infinitud, la adoración del infinito, que es Dios, en la cual puede hallarse la unidad de las creencias religiosas más allá de todo de todo dogma positivo. Tal es el “entusiasmo heroico” que Bruno defendía. De ahí su aspiración a una filosofía dinámica construida con los materiales clásicos, incluidos los aristotélicos. Esto se revelaba particularmente en la doctrina de la materia, sometida en el pensamiento de Giordano Bruno a una disolución que la lleva al ser pleno, del mismo modo que el ser pleno es dialécticamente transformado en materia y en nada. De ahí la afirmación de que “en nada se diferencias la absoluta potencia y el acto absoluto”; y de ahí también la tesis de que “en definitiva, bien que haya individuos innumerables, todo es uno, y conocer esta unidad es el objeto y término de toda filosofía y contemplación natural” (Del principio, de la causa y del uno).
Otros textos subrayan más aún la “continuidad” entre el alma cósmica y sus participaciones singulares, pero describen a éstas como espejos “rotos”, donde ocurre que, por ser éstos demasiado pequeños o “en alguna manera deficientes”, no dejan discernir “casi nada” de la “Forma universal”. En Bruno se avista ya el rosacrucianismo en la cuestión del Hombre, el alma del Hombre que es la más conciente de todas las almas, es capaz de albergar dentro de si a todo el infinito, y ser de ese modo Dios, es ésta la dimensión mágica de la mnemotecnia, descubrir las potencias ocultas de la mente para reflejar el universo dentro de la propia memoria. Los rosacruces, en especial los tardíos adoptarán esta visión junto con un cristianismo entendido solo como metafórico para llegar a decir que el Hombre es Cristo en potencia, y que el símbolo Jesús es en realidad el Hombre mismo, de ahí la nula división entre Hombre y Dios en un sentido pleno.
Frances Yates dice, sobre Bruno y su influencia:
la insistencia en el aspecto hermético y mágico del pensamiento de Bruno no desacredita su significativa contribución a la historia del pensamiento. Ejemplifica el impulso religioso hermético como fuerza motivadora detrás de la formulación imaginativa de nuevas cosmologías… En la fase hermética del pensamiento europeo, que fue el preludio inmediato a la revolución del siglo XVII, [en Inglaterra] Bruno es una figura destacada.
Y concluye:
Efectivamente, después de seguir la vida, obra y pensamiento de Giordano Bruno de modo extenso y luego de haber tratado a lo largo de otros estudios una serie de temas del Renacimiento Italiano a través de un recorrido que desemboca finalmente en la Inglaterra Isabelina y se prolonga históricamente en el movimiento Rosacruz, el Iluminismo filosófico-científico y la Masonería actual, caen nuestras concepciones acerca de las ideas generalizadas que se tienen sobre ese período y su manifestación que, aún produciéndose de manera más o menos oculta no deja de signar y ser el origen en definitiva de toda la Historia del Occidente moderno, ya que de hecho constituye hoy el bagaje de ideas de cuya herencia subsistimos.
Giordano Bruno (1548-1600)
Giordano Bruno es sin lugar a dudas uno de los pensadores más importantes del renacimiento italiano y una de las figuras más destacadas de la historia del pensamiento de estas épocas, Bruno discrepa de los cabalistas cristianos como Ficino y Mirandolla, no por su visión antropológica, con la cual está completamente de acuerdo, pero sí en cuanto a la posición del cristianismo. Giordano Bruno creía firmemente, no que el cristianismo era la continuación de esta tradición recién descubierta que era el hermetismo, sino que era su contraparte y enemigo, llegó a insistir que el cristianismo no era la verdadera fe, sino un obstáculo para el verdadero credo, que era el hermetismo. Su pasión por la magia, o “filosofía de la naturaleza” que, luego de Newton (aunque gracias a él) se convertiría en la ciencia moderna más formalmente, y su insistencia por un panteísmo le llevaron finalmente a la hoguera.
La obra bruniana se encuentra teñida de un ligero averroísmo consistente en la defensa de la superioridad de la vida teórica frente a la vida práctica y la reivindicación del carácter profesional del filósofo. A juicio de Bruno existe una separación entre filosofía y religión y es equivocada la concepción tomista de la filosofía como ancilla fidei, es decir, como esclava de la religión. Bruno defenderá, como harán a su modo todos los copernicanos, que la religión debe ser entendida como una ley destinada al gobierno de las masas incapaces de regirse por la razón y es por ello que los buenos teólogos no deben entrometerse en la vida de los filósofos, del mismo modo que los filósofos respetarán el trabajo de los teólogos en su tarea de gobierno de las masas populares. La función de la religión es, pues, meramente civil.
Para Bruno el Universo es un animal, un ser vivo y expresión de la infinita potencia de Dios, todo esta vivo y todo posee alma, incluso el mundo mineral, y llega a un monismo clásico en el hermetismo “el Todo está en el todo”, es decir, cada alma es mónada de todo el Universo. Dios está presente en todas las cosas, con su infinito poder, sabiduría y amor, porque es todas las cosas, el máximo y el mínimo o, como dice Bruno, la mónada de las mónadas.
La misión del hombre es el entusiasmo ante la contemplación de esta infinitud, la adoración del infinito, que es Dios, en la cual puede hallarse la unidad de las creencias religiosas más allá de todo de todo dogma positivo. Tal es el “entusiasmo heroico” que Bruno defendía. De ahí su aspiración a una filosofía dinámica construida con los materiales clásicos, incluidos los aristotélicos. Esto se revelaba particularmente en la doctrina de la materia, sometida en el pensamiento de Giordano Bruno a una disolución que la lleva al ser pleno, del mismo modo que el ser pleno es dialécticamente transformado en materia y en nada. De ahí la afirmación de que “en nada se diferencias la absoluta potencia y el acto absoluto”; y de ahí también la tesis de que “en definitiva, bien que haya individuos innumerables, todo es uno, y conocer esta unidad es el objeto y término de toda filosofía y contemplación natural” (Del principio, de la causa y del uno).
Otros textos subrayan más aún la “continuidad” entre el alma cósmica y sus participaciones singulares, pero describen a éstas como espejos “rotos”, donde ocurre que, por ser éstos demasiado pequeños o “en alguna manera deficientes”, no dejan discernir “casi nada” de la “Forma universal”. En Bruno se avista ya el rosacrucianismo en la cuestión del Hombre, el alma del Hombre que es la más conciente de todas las almas, es capaz de albergar dentro de si a todo el infinito, y ser de ese modo Dios, es ésta la dimensión mágica de la mnemotecnia, descubrir las potencias ocultas de la mente para reflejar el universo dentro de la propia memoria. Los rosacruces, en especial los tardíos adoptarán esta visión junto con un cristianismo entendido solo como metafórico para llegar a decir que el Hombre es Cristo en potencia, y que el símbolo Jesús es en realidad el Hombre mismo, de ahí la nula división entre Hombre y Dios en un sentido pleno.
Frances Yates dice, sobre Bruno y su influencia:
la insistencia en el aspecto hermético y mágico del pensamiento de Bruno no desacredita su significativa contribución a la historia del pensamiento. Ejemplifica el impulso religioso hermético como fuerza motivadora detrás de la formulación imaginativa de nuevas cosmologías… En la fase hermética del pensamiento europeo, que fue el preludio inmediato a la revolución del siglo XVII, [en Inglaterra] Bruno es una figura destacada.
Y concluye:
Efectivamente, después de seguir la vida, obra y pensamiento de Giordano Bruno de modo extenso y luego de haber tratado a lo largo de otros estudios una serie de temas del Renacimiento Italiano a través de un recorrido que desemboca finalmente en la Inglaterra Isabelina y se prolonga históricamente en el movimiento Rosacruz, el Iluminismo filosófico-científico y la Masonería actual, caen nuestras concepciones acerca de las ideas generalizadas que se tienen sobre ese período y su manifestación que, aún produciéndose de manera más o menos oculta no deja de signar y ser el origen en definitiva de toda la Historia del Occidente moderno, ya que de hecho constituye hoy el bagaje de ideas de cuya herencia subsistimos.
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